Durante todo el mes de septiembre he vivido una espera continua de una llamada que no llegaba. Ilusionada con una buena noticia que me dieron a principio de verano, la desilusión de que esa promesa no llegaba, fue cogiendo terreno.
Esa desilusión se manifestó este fin de semana con la mayor tristeza que hacía tiempo no tenía. La vuelta desde Perú, la muerte de mi abuela, el fin del verano, la estancia otra vez junto a mis padres, la inactividad...todos los sentimientos que ello provoca, se juntaron en una gran tristeza que salió a relucir con grandes lloros escondida en la oscuridad de mi habitación.
La intenté calmar con conversaciones llenas de sueños con Rafa, o atiborrándome a pizza junto a mi padre. Hasta la primera película que vi del Festival de cine de San Sebastián, me ayudó a sonreír.
Prometo que intenté por todos los medios recuperar esa sonrisa, que honradamente, me pertenece, pero no pude.
Tardé en darme cuenta, que lo que debía hacer era dejar de esperar. Esperar me desesperaba.
En este tiempo de espera he estado irascible, borde y sin motivación alguna. Sin ganas de hablar, y con ganas de emborracharse. Lo he pagado con la gente que más quiero. Hasta lo he pagado conmigo misma traicionando mis ganas de hacer cosas. No he sido yo.
Pero desde ahora espero cambiar, lo cual quiere decir, que mi situación va a cambiar. La llamada ha llegado. Las cosas se van concretando. Mi vida se va ordenando.
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1 comentario:
Mi niña, que no me entere yo que andas bajoneada, tú eres una ídola, pero si no te lo recuerdas tú ¿quién lo va a hacer? Y otra cosita, no "esperes que las cosas cambien", dale tú y empieza el movimiento, xD
Un besotote, REINA.
Nuri.
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